Una persona sin documentos no posee una condición social. Para la sociedad dicha persona no existe. Conforme la vida se desarrolla nos vemos obligados de ir recolectando papelitos. Todo comienza con el acta de nacimiento-registro civil, dicho documento da fe de nuestra existencia pues al parecer nuestra presencia física no es suficiente. Atestigua también el lugar y la fecha de nacimiento, así como los padres y el importantísimo dato del juez que levantó el acta, —dato insignificante que se portará hasta el último hito de la existencia: el acta de defunción, pues sin esta se podría presumir que un difunto sigue vivo.
Así como en los sacramentos se espera que el individuo, durante las distintas etapas de la vida, vaya cumpliendo con las distintas normas sociales que lo habrán se hacer cristiano o ciudadano. Este comportamiento obsesivo de juntar papelitos no parece tener ningún otro objetivo más que el de ir conseguir más papelitos, siendo al parecer los más importantes unos de colores y forma rectangular que se pueden intercambiar por bienes o servicios. Cuando los chinos inventaron el papel ¿comprendieron la calamidad que habían generado? Claro que con el papel vienen también los libros, con ellos el conocimiento y al final el poder. Así que supongo que si el conocimiento es poder y este viene en forma de libros, la burocracia es la forma corrupta de lo escrito.
Debe haber algo de justicia profética en el asunto. Platón dio testimonio de los peligros de la palabra escrita en el Fedro —quizá debimos hacerle caso aunque él no hubiera atendido a la recomendación—, y desde que se escribieron los diálogos son los filósofos entre clérigos, legalistas y poetas, los qué han sido los más celosos de cuidar el poder magnífico de la palabra impresa: Nietzsche dixit. Cual Prometeo encadenado alguien tiene que purgar la pena de haberle concedido tanto poder a los hombres. Es justo quizá que alguno que otro filósofo rinda cuentas, y usualmente lo hace cuando va tomar cargo de un nuevo puesto académico o tiene que penar con años de trabajo administrativo como se suele castigar arbitrariamente en facultades y departamentos de todo el mundo.
Bajo las leyes de su propia norma los hombres están obligados a este trabajo tanto a la Sísifo como a la Kafka de recolectar papelitos pero eso sí con una actitud humilde y paciente. Los hombres tienen toda una vida para irlos adquiriendo, y siendo que esta labor es larga y trabajosa ninguno de ellos debería apresurarse. Las filas, los turnos y las citas son presagios corales que sirven de recordatorio, ¡ay de ayes entre aquellos que osen desafiar al sino!
Las advertencias están y sin embargo siempre habrá el insensato-orgulloso presa de la hybris que pretende ser más que los dioses y ocupar un lugar en el cosmos que no le corresponde. Presuntuosos: se sienten hombres mejores. Creen que saben, pero como advirtió Sócrates no hay mayor ignorancia. Uno de estos ignorantes quiso hacer los trabajos de una vida en tres semanas, desde el registro de nacimiento, la cédula de identidad, antecedente penales, administrativos y fiscales, seguros, pensiones, pasantías y cesantías. Testificación fiscal, de lugar y años de residencia, bienes y propiedades, motivos y cartas de contratación. Estas y muchas más llegando hasta la libreta militar. Nuestro héroe está cerca de su empresa, e incluso como muchos otros atrás que él: Aquiles, Odiseo y Heracles logrará su cometido. Pero la labor incluye la penitencia. El problema de los héroes nunca fue el fracaso sino el éxito. El costo de la gloria es demasiado elevado: no es coincidencia que los griegos inventaran la victoria pírrica. ¡Que huellas en el alma quedan!, ¿a cambio de qué se ha ganado?, ¿habría conseguido más Ulises con quedarse en Ítaca? Ah, pero el héroe no puede renunciar a su destino, ese es el sello de el momento trágico, cuando el espectador se percata de que todo ha de salir mal irremediablemente. El éxito está a la vuelta de la esquina mis amigos, asegúrense de tener lo suficiente como para pagar el precio.
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