miércoles, 27 de julio de 2011

Voz de la guitarra mía

Paisajes solares, blanquecinos de valles, lagos fotografiados por Gabriel Figueroa y pintados por Gerardo Murillo. Cromos nacionalistas de bellas tehuanas y garbosos charros. Un taquito al pastor en salso roja, una torta de carnitas con chile chipotle dulce y un pulquito de mamey.

Nunca reconocí los rostros de la gente en el metrobus hasta que lo abordé por última vez, entonces al despedirme de la larguísima avenida de los Insurguentes, fue que reconocí sus rostros uno a uno. Mexicanos todos ellos, mexicanos. El nacionalismo patrio que sentí fue tan vergonzoso y cursi como cantar 'El rey' en el angel, con bigote de mentiras y sombrero de charro pintado con spray después de un partido de la selección contra Honduras.

Ni modo así es esto. Luego le dije 'nací escindido'. Los hijos de extranjeros son tan extraños o más, para el mundo, que sus padres. Perpetuos inconformes condenados a vivir en un mundo que no escogieron añorando un lugar que nunca existió. Mexilombia. Esa región solamente existe en la mente de unos pocos desafortunados y a la vez bendecidos de haber dado con estas naciones mágicas tan llenas de gente buena, que es familiar y distinta entre sí como primos-hermanos.

Despedirme ha parecido una agonizante eternidad, de mis lugares y de mi gente que tan pronto van a dejar de ser míos. Al final: el desapego, nada queda, sic transit... y todo eso. Al menos eso enseñan las escrituras de ambos hemisferios.

No me voy y ya extraño todo, como fantasma no habito ni aquí y ni allá, a los que conocí hace mucho y a quien conocí hace poco. Así es esto, non progredi est regredi. 

Mi querido de-efe: Tu rugir es tan inconmensurable como tu vastedad, mis oídos y mis ánimos estallan con tu frenesí. Tu espíritu insaciable no es apto para la quietud que solicita un filósofo. Te dejo pero nos volveremos a encontrar, aunque no sepa cuándo ni en qué modo al menos sé el dónde y que volverá a pasar; sabes bien que tenemos asuntos pendientes. Mientras tanto cuídate, que te bendiga Dios, no hagas nada malo que no hiciera yo (tururú-tururú).

Disculpa el entrecortamiento de mi discurso, si he saltado de un lugar a otro y si no hilé las ideas con punto fino pero es que haz calado hondo en mi alma y me he vuelto tan distraído como tú. Ahora solicito quietud.

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